El Guillatún

«El libro era un escape a la pega latera»

Catalina Bu

Catalina Bu. Foto: Carlos Molina

Diario de un solo se lanzó en mayo, agotó su primera edición y tiene a su autora viajando fuera de Chile para presentarlo. Éste es el primer libro de Catalina Bu, que antes del éxito de su cómic se dedicaba exclusivamente a hacer trabajos a pedido. Pero entre medio de las indicaciones de terceros creó un solitario y divertido personaje que subió a Tumblr, se viralizó y terminó siendo uno de los libros de ilustrados más vendidos en lo que va del año.

Catalina Bustos quiso crear un mail y su nombre ya estaba tomado. Pero el sitio le ofreció a «Catalina Bu» y se convirtió en ella. Ya no recuerda si esta anécdota es completamente real, pero dice que de tanto contarla, de alguno forma lo es.

Catalina Bu es de Concepción y estudiaba diseño industrial cuando descubrió que disfrutaba más las clases de dibujo y decidió cambiar de carrera y ciudad. A los 19 años llegó a Santiago, entró a estudiar ilustración y comenzó a trabajar de forma freelance. Ahora, con 24 años, dice estar feliz por la buena recepción que ha tenido su libro ilustrado Diario de un solo (Editorial Catalonia), que ya agotó su primera edición de 2 mil ejemplares y aceptó hablar con El Guillatún mientras una segunda edición ya está en librerías.

—Partiste publicando las viñetas en internet.
—Me mantenía trabajando para revistas, como con piloto automático a partir de lo que pedía el cliente o la línea editorial de la revista, y en el fondo este era el proyecto que me permitía tener más libertad gráfica y temática. También me empezó a interesar el cómic en esa misma época y decidí hacerlo en internet porque es lo que más consumo gráficamente, aparte de que coleccione libros o no, estoy viendo internet más que otra cosa. Así que hice un Tumblr especialmente para esta historieta. Me pareció interesante porque se podía retamblear y viralizar solo. Y bueno, no existía la posibilidad de editarlo al tiro en libro.

—¿En qué momento se transforma en una serie de dibujos del mismo personaje?
—Hice la primera viñeta sin ningún trabajo de guión, sin pensarlo tanto en verdad. Este proyecto tenía mucha libertad y eso fue lo que más me entretenía, no sabía si iba a tener uno o dos personajes, fue saliendo de forma espontánea. Y después que iba anotando las cosas que quería dibujar en una agenda, las iba dibujando a medida que me iba dando ganas. Me enfrenté al Canvas nomás, al computador, y ahí mismo se me fueron ocurriendo cosas. No soy buena para bocetear, salió solo, ni lo pensé. Igual este tipo de dibujos era el que estaba haciendo en mis agendas. Era el que no mostraba, me daba vergüenza porque era más deforme. Con este proyecto me solté.

—¿Cómo pasa de ser unas viñetas publicadas en internet a un libro editado por Catalonia?
—La gente empezó a hacer que esto se formara porque antes eran solamente dibujos, garabatos que no escapaban mucho de lo que yo hacía en mis libretas. Se empezó a viralizar y en una firma de libros de Alberto Montt, yo estaba en la fila y él se para y dice al frente de todos: ella tiene este proyecto que es increíble. Y yo quedé muy plop. Después en el Puma Lab, en un evento para dibujar en vivo me tocó con Montt. Ahí me dice: tienes que escribirlo, edítalo, edítalo, edítalo. Y me empezó a presionar, pero en buena, porque obviamente que yo también quería hacerlo. Después me encontré con una niña de Catalonia que había hablado con Montt y así se unieron las estrellas y salió el libro. Montt me apadrinó, eso fue la raja porque lo admiro muchísimo.

—¿Fue difícil mantener la mano de los dibujos que hiciste sin mayor presión para internet y los que hiciste pensando en el libro?
—Ya me había acostumbrado a hacerlo de una manera. Armé una metodología y no cambió. Todo me iba saliendo a medida que me iba dando ganas, no hubo mucho trabajo de guión ni de observación. A pesar de que la gente me dice: es una gran observación al joven contemporáneo y bla, bla, bla. Lo dibujé en pijama pensando en cualquier cosa. Uno lo hace de forma inconsciente y cuando se imprime lo puedes ver en perspectiva y la gente también puede opinar al respecto. Es cuático porque ya no me pertenece para nada el libro.

—Se lee como un libro muy santiaguino.
—Concepción no es muy distinto a Santiago en ese sentido, yo viví ahí en el centro y es bien parecido a donde vivo ahora en Providencia, no hay mucha diferencia en como te trata la gente o en como te ignoran. Es una cosa muy de ciudad, independiente de cuál sea ésta, aunque acá hay muchas más actividades para toparte con gente, así que yo creo que allá hay mucha más soledad.

—El libro viene a reivindicar el hecho de estar solo y pasarlo bien.
—Sí, yo creo que «el solo» no está tan triste. Mucha gente lo ve triste porque asume que está solo porque le tocó, pero muchas veces elige estar solo porque lo disfruta. Es lo que me pasa a mí muchas veces, me encanta estar sola, entonces no le veo la tristeza a la hueá. Es algo que uno también ocupa como herramienta para poder ocultarse de la gente que te tiene medio chato.

—¿El personaje se llama «el solo»?
—No, ahora la gente le puso «el solo» y las reseñas en algunos lados escribían «el solo», pero yo no le puse ningún nombre. Y eso tampoco lo elegí, pasó nomás y después me gustó que no tuviera características tan personales, porque hacía más fácil que la gente se pudiera reconocer con él. Pero era algo malo, porque tampoco había hecho trabajo de guión antes del libro, la casa siempre era distinta y además no tenía nombre. Se supone que son cosas que uno define antes de hacer el cómic.

—La reivindicación del hecho de estar solo, me imagino que sí es consciente.
—Sí, de eso trataba igual. Pero consciente dentro de mi inconsciente, porque es algo que estaba retratando porque me gustaba que el tipo fuera así. Pero no sé, el libro partió siendo como algo triste y después se transformó en algo más chistoso. Fue a medida que la gente fue dando su opinión también. Pero la primera viñeta es triste. Al principio estaba más triste yo y estaba más triste el personaje. El otro día estaba escuchando una charla de Bob Mankoff, que es el editor del New Yorker, y comentaba que el humor gráfico tiene que convivir en estos dos mundos, entre lo chistoso y lo terrible. Y creo que el personaje también convive en eso, son contrastes que hacen a uno más humano. Que a veces erís la raja y otras veces te portai como las huevas. Eso te hace humano y que la gente se sienta identificado con el tipo.

—El estilo de dibujo de Diario de un solo es simple. ¿Es lo que más te acomoda o lo usaste específicamente para este tipo de historia?
—Es lo que más me acomoda, lo que me sale. Este libro fue para reencontrarme con lo que sé hacer, priorizar ideas sobre la técnica. Trabajo en una cosa muy realista y aunque lo logro, me cuesta. Esto era como escapar de esa técnica académica que en muchos momentos me limitó y me hizo pensar que no podía hacerlo. Leía comics como Watchmen y pensaba que jamás podría dibujar de esa manera. Después me di cuenta que no importa que yo dibuje deforme o que la perspectiva esté mala, yo tengo una noción de como son las cosas y puedo romper la figura a mi manera. El libro era un escape a la pega latera, entonces no me puse ningún límite.

—¿Cuántos errores para llegar a las viñetas del libro?
—No hacía ningún borrador, me tiraba nomás. Pero como no tenía ninguna presión técnica, tampoco era como si me equivocara tanto, porque en el fondo me estaba equivocando todo el rato. Tal vez me equivocaba cuando no se entendía tan bien y ahí le daba una vuelta, pero en general toda la técnica que ocupo para este libro podría ser una equivocación gigante.

—¿Tuviste mucho trabajo de revisión con la editora?
—Un poquito, no me corrigieron mucho. Catalina Infante, que es la editora, fue súper flexible, nunca me presionó y confiaba mucho en mi pega. Entonces nunca me obligó a hacer otra cosa ni me descartó algo. Sí me aconsejó y fue súper interesante eso porque en general no tengo a nadie que me corrija. Las viñetas que dejamos afuera, que eran como tres, estábamos de acuerdo. Pero si yo le insistía, ella me iba a apañar. De hecho me metí mucho en el diseño editorial del libro.

Diario de un solo se puede leer como un libro de mañas.
—Es terrible, ¿es apestoso, no? Es súper mañoso. Lo hago expresar todas mis mañas sin querer. Soy una alegona, somos todos alegones, si está todo mal, todo funciona como el ajo.

—¿Hay mucha exageración que viene de tu propia conducta?
—Sí, de la mía y de amigos. Pero a veces son cosas que me invento. Las situaciones en que está solo, como quedarse hasta tarde mirando series en Netflix, sí me pasan, pero las que incluye a otra gente son cosas que me gustaría hacer y no puedo. Como cuando ignora a la gente. Ojalá que pudiera ser más como él, pero no lo soy.

—Tú los encaras entonces.
—No, me hago la hueona nomás, jajaja. No los voy a mandar a la chucha, en general soy amable, no como «el solo» que es un rebelde.

—¿Las páginas intermedias con las «cosas que odio» son para darle aire a las viñetas?
—Nació porque quería cortar un poco el ritmo. No me gusta tanto eso del libro, que tiene un ritmo muy constante y es súper importante romper esa melodía cuando estás leyendo. Es bueno ese aire para ir parando.

—Pero ese mismo ritmo lo hace un poco adictivo.
—Pero se acaba súper rápido. Mucha gente me ha dicho: lo leí en el metro, no sé si es bueno o malo, pero hace tiempo que no me leía un libro completo. Jajaja. Y a mí me cuesta ene terminar los libros enteros. Me encantan, pero me cuesta porque soy muy distraída. Así que es raro.

—Mencionabas que te han dicho que el libro es una buena observación del joven contemporáneo. ¿Crees que es así, que Diario de un solo es propio de estos tiempos?
—Aunque se reclama desde siempre, la gente en Santiago está muy violenta, la gente en Chile es muy violenta, impresionantemente violenta. Todos están compitiendo entre ellos. Se ponen antes en la fila y el otro le reclama. Están constantemente estresados y se tratan pésimo. Nadie es amable y la gente que te habla en la calle está loca. Es impresionante.

—El solo también es medio violento.
—Sipo, si es como una víctima de la ciudad. Está chato todo el tiempo.

ILUSTRACIÓN EN CHILE

—¿Cómo ves el estado de la ilustración en Chile?
—Está maravillosa. Me encanta porque siento que aún es un circuito emergente y hay mucha buena onda y cero violencia entre los autores. Todos se apoyan, se leen y aprecian a las nuevas generaciones. Son medios nerds también, entonces todavía no existe un juego de egos muy importante. Y el trabajo de la galería Plop! ha sido la raja porque han dado un espacio súper bueno para la ilustración. Siempre están haciendo cosas, son bien acogedores, me siento como en casa en esa librería.

—¿Se está consumiendo harta ilustración?
—Creo que a la gente le gusta. Son como los mismos que les gustaba el diseño, pero ahora tiene un nombre distinto y más segmentado que es la ilustración. También es más barato que el arte. Puedes tener a alguien que te gusta mucho su pega y no gastarte 300 lucas en un cuadro.

—¿Se viene Diario de un solo 2?
—El 2015 porque me gusta lo que está pasando con éste y quiero disfrutarlo a concho. Ahora voy a una feria de cómic en Colombia, a Guadalajara también, que era mi sueño poder viajar por esta pega. Igual tengo unos libros que quiero sacar entre medio, uno de situaciones de la ciudad y otro de actividades para niños. La verdad es que me gusta mucho la industria editorial, me gustó caleta la sensación de sacar un libro y lo voy a seguir haciendo mientras pueda.

—¿Estás dibujando Diario de un solo 2?
—Todavía no tengo viñetas, pero tengo una lista de 25 ideas.

—¿Sigue tan enojón y mañoso?
—Eh, no te puedo decir mucho, pero sí, ese es el espíritu de él. Pero es entretenido tirarme al segundo, porque el primero lo hice inconsciente y el segundo lo hago súper consciente, entonces es súper raro. Es entretenido, pero es rarísimo.El Guillatún


Diario de un solo. Foto: Carlos Molina
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