El Guillatún

Una igual al resto

Jackie

Natalie Portman en «Jackie» de Pablo Larraín. Foto: William Gray

«No te cases con el presidente» es el mordaz consejo que la desolada Jackie le da al periodista que la está entrevistando una semana después del asesinato de su esposo John F. Kennedy. Una escena desgarradora que sumada a las otras que componen la película Jackie (2016) de Pablo Larraín, nos develan de una forma muy particular las vicisitudes personales y públicas que debió enfrentar la ex Primera Dama de los Estados Unidos ante la inesperada muerte de su pareja en Dallas (Texas).

Jackie con sus casi 90 minutos de duración, aborda el duelo vivido por Jacqueline Kennedy tras el histórico magnicidio de 1963 a partir de tres líneas narrativas: la entrevista realizada por un periodista (supuestamente de la revista Life), el tour por la Casa Blanca que fue televisado y conducido por ella el año 1962 y el asesinato (y posterior funeral) de su esposo. Estos relatos se mezclan entre sí para revelarnos la profundidad de un personaje histórico, que lejos del discurso oficial, se presenta como la figura de una mujer tremendamente humana.

A esta visión aporta en gran medida la excepcional actuación de Natalie Portman en el rol de Jackie. Totalmente alejada del registro visto en Black Swan (2010), logra invocar de forma magistral a una Jackie Kennedy llena de conflictos y dudas ante la inesperada muerte de su esposo. Con un elaborado trabajo en la mirada y la voz del personaje, Portman es capaz de generar la sensación de estar realmente frente a la ex Primera Dama, a pesar de nunca haberla conocido personalmente. En este sentido, su eterno divagar dentro de la Casa Blanca, así como sus silencios y sorpresivas reacciones que vemos ante las preguntas del periodista, consiguen humanizar a una figura de la que se tiene poca información personal.

A lo anterior se le suma el cuidado trabajo en la fotografía del film. Con una gran presencia de primeros planos frontales, capaces de crear esta intimidad con el personaje de Jackie, Stéphane Fontaine (director de fotografía) nos traslada a una época histórica a través de una serie de planos secuencias y ejercicios de cámara en mano, con tal de que nunca perdamos de vista el lúgubre viaje interno que debe atravesar la ex esposa de John F. Kennedy luego de la trágica muerte de este último. De esta manera, todo el material grabado en Super 16mm para esta película, dialoga a la perfección con las imágenes de archivo utilizadas en la misma, acentuando con estilo su condición de retrato de una etapa histórica. Por otro lado, la dirección de arte de esta obra audiovisual también hace lo suyo en este sentido, pues resulta de vital importancia para recrear los años 60’.

Ahora bien, lo que más destaca del film de Larraín es cómo el montaje se hace cargo con gran destreza de un guion complejo, en el que tres historias paralelas con un suceso histórico en común se enlazan entre sí para otorgarle profundidad a un personaje de carácter público, generando así una nueva lectura acerca del mismo. El trabajo realizado por Sebastián Sepúlveda nos da el tiempo necesario para poder imaginar las tribulaciones por las que está pasando la protagonista al momento de ser entrevistada, así como también la incertidumbre que vive con los arreglos del funeral de su esposo, en los que debe enfrentar un sinnúmero de obstáculos por el sólo hecho de ser la mujer del presidente de los Estados Unidos. Y es quizás en esta última dimensión donde la película adquiere su mayor relevancia.

Estamos en una época histórica donde se hace necesario (más que nunca) entender que las mujeres son también protagonistas de nuestra sociedad y nuestra historia. Sin embargo, el mundo de los hombres las ha relegado por siglos a un segundo plano, coartando incluso sus derechos fundamentales sin ningún decoro. Que el cine se haga cargo de esta deuda es tal vez un primer paso. Películas como Jackie, donde vemos a una mujer hacerle frente a una pérdida repentina con entereza e inteligencia o como Arrival (2016) de Denis Villeneuve, donde también una mujer (Amy Adams) es quien debe asumir la responsabilidad de tomar contacto con seres alienígenas (con todas las implicancias que esto tiene para ella), son buenos ejemplos de cómo las mujeres están obligadas a ser también las protagonistas de nuestro tiempo y de nuestros relatos.

Jackie de Pablo Larraín se vuelve, por tanto, una película imprescindible para comprender un momento histórico desde el punto de vista de una mujer; de gran factura visual y actoral, es un buen recordatorio que hasta las grandes mujeres, aquellas que parecen distantes al común de los mortales, son iguales al resto, con sus fantasmas y fortalezas.El Guillatún

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