El miedo a la hoja en blanco

En todas las profesiones, oficios o carreras donde se necesite un mínimo de creatividad (que son varias, pero no todas), siempre está ese primer momento de pánico al comenzar a escribir, dibujar, pintar, bocetear, etc, en donde la hoja está en blanco. Del pensar una idea abstracta (buena o mala, pero abstracta al fin), hasta el llevarla al papel, es un largo proceso y puede estar lleno de problemas.
Yo personalmente no le tengo miedo a la hoja en blanco. Para mi un hoja nueva, es un mar de posibilidades. Me encanta encontrar una croquera con hojas que no han sido usadas, porque en cada una de ellas hay un mundo nuevo que se puede crear. Me encanta abrir un documento en blanco en Word porque siempre se puede borrar y partir de nuevo. Jamás me detengo a pensar mucho en cada cosa que escribo o dibujo, las ideas fluirán solas, con su propia fuerza.
¿Entonces por qué el miedo? En mi opinión es una imposición social la que nos hace temer el primer momento de comenzar a crear sobre un lienzo virgen. La sociedad nos quiere hacer creer que NO todas las ideas son buenas, por lo tanto no todas ellas merecen ser traducidas de lo abstracto a lo físico. Por alguna razón, desde chiquititos, nos enseñan que hay cosas que SI se pueden dibujar y cosas que NO (la tarea es dibujar un gato, NI SE TE OCURRA DIBUJAR UNA TORTUGA). Esa misma represión, en adultos, se convierte en el miedo que se siente al comenzar a escribir un ensayo (¿cómo este?), una tarea para la universidad, un informe para el trabajo, una idea de investigación, etc etc.
Para ganar la gran batalla contra el capitalismo de las ideas, debemos dar nosotros los primeros pasos. Lo más aconsejable para no tener miedo al ponerse a escribir, es andar siempre con una libreta de bolsillo (o varias si tu mente es más dispersa (fructífera)), a la cual uno puede siempre recurrir. Es como tener un banco de ideas frescas (de una libreta saqué la idea para la entrada de este mes, y para varias anteriores). Otra sugerencia, al momento de enfrentarse a una hoja vacía, es llenarla de las primeras palabras que se le vengan a uno a la mente (o de rayas si se está dibujando), sin rumbo, sin miedo. Puede que mucho de eso se borre, pero servirá para el relajamiento inicial, después las ideas emanarán por su cuenta.
El famoso miedo a la hoja en blanco debería acabarse cuanto antes, por el bien de toda la gente con ideas allá a fuera. No hay que temer al equivocarse, no hay que temer al escribir o dibujar algo que no se convierta en una obra suprema. Sólo hay que tenerle miedo al no intentarlo. Siempre es mejor una hoja llena de ideas inconexas, raras, extravagantes, tuyas, mías, que una hoja vacía que pudo ser algo más.


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